El milagro de Anna Sullivan. De la oscuridad a la luz

Una familia contrata a Anna Sullivan para educar a Helen Keller, una niña sorda y ciega. Un trauma infantil, un oscuro complejo de culpa, por la muerte de su hermano, impulsa a la maestra a redimirse mediante la educación de la niña. La incompetencia y la negligencia de los padres han hecho de Helen una niña mimada, incapaz de someterse a ninguna disciplina, y con la que toda comunicación parece imposible. La adolescente vive aislada en un mundo propio completamente ajeno a los demás. Sin embargo, Anna Sullivan conseguirá, con mucha paciencia y rigor, romper esa burbuja, ese aislamiento.

Helen Keller ha vivido encerrada en un terrible mundo de silencio y oscuridad desde la más tierna infancia, privándola de manifestar sus sentimientos y una educación acorde a su doble discapacidad, visual y auditiva. En realidad, su familia adoptó una postura sobreprotectora y cómoda desde el principio donde todo lo consentían pero sin ofrecer a cambio ninguna pauta de conducta o normas de respeto. La comunicación y el aprendizaje brillaron por su ausencia de tal manera que sus comportamientos llegaron a resultar salvajes.

Una película que respira autenticidad y realismo gracias a una de las historias de superación y constancia más impresionantes que se hayan visto sobre el ser humano. Está exenta de afectación o la sensiblería tan habitual del género social y comprometido.

Muy sólida la dirección de Arthur Penn, evitando el amaneramiento y la impostura al tratarse de una adaptación teatral de la obra de William Gibson, con los riesgos que conllevaba. En ese sentido, la ambientación y la fotografía en blanco y negro están cuidadas al máximo y logran generar ese climax como enfermizo y desasosegante que requiere la narración.

El duelo interpretativo de Anne Bancroft como Anna Sullivan y Patty Duke como Helen es fuera de serie y digno de elogios porque logran dar una enorme credibilidad y verosimilitud a sus personajes, destacando una especial química en sus miradas o silencios.  Sus trabajos fueron justamente reconocidos con dos Oscar a las mejores actrices principal y secundaria en 1962.

Es preciso destacar esa secuencia de casi diez minutos tan intensa y sin palabras donde la maestra intenta por todos los medios que Helen pueda sentarse debidamente en una mesa, coger los cubiertos y doblar una servilleta. Impresiona el desgaste físico y la paciencia de la educadora aunque utilice métodos en teoría poco ortodoxos. Es reconfortante descubrir como adquiere su propio lenguaje a través del tacto e identificar diferentes sensaciones (agua, tierra, árbol, campana,…) Realmente te conmueve ese desenlace porque sientes empatía por ella. Ha pasado de la oscuridad y el aislamiento a la luz y la esperanza.

Una película que revisándola nuevamente en la actualidad, conserva unos contenidos pedagógicos bastante valiosos y que originan Cine-fórum de lo más enriquecedor. Sin duda, un título clásico e imprescindible para adentrarse en el Cine y la Discapacidad.

Foto El Milagro de Anna Sullivan

 

Amor + Vida + Desesperación + Paciencia + Soledad + Culpabilidad + Renuncia = Cuidadores

Entre las proyecciones que asistí en la 55 edición de la Seminci del 2010, se encuentra “Cuidadores” de Oskar Tejedor, un documental que recomiendo especialmente y que se sitúa por encima de la media dentro de nuestro cine actual de temática social (otros dos ejemplos de calidad y sensibilidad serían “Las alas de la vida” o “María y yo”). Se trata de un conmovedor trabajo que supone un sentido homenaje a todas las personas que cuídan de sus seres queridos con enfermedades degenerativas como el alzheimer. Están presentes sus experiencias, altibajos, temores y también pequeñas satisfacciones de un grupo heterogéneo donde se incluyen los perfiles más variados, desde padres, maridos, esposas e hijos. Está rodado con una gran sencillez y respira autenticidad en el día a día de estos cuidadores tan especiales.

Lo cierto es que llevaba años sin sentir tanta emoción como en Cuidadores, una película cargada de optimismo, vitalidad y simpatía (una sensación entre la lágrima y la sonrisa contenida). Fue un placer estar sentado al lado de la mayoría de las personas cuidadoras protagonistas de la película, que acudieron desde San Sebastián (Txus, Naiara, Alicia, Carlos, Maribel, Manuel y Ana). Algunos de sus testimonios quedan reflejados en el título de esta opinión donde se manifiestan todos sus estados de ánimo. Sin duda, personas cargadas de una entrega y energía fuera de lo común.

Seguramente, los momentos más emotivos e inolvidables que viví durante toda la semana en Valladolid. Como bien comenta su autor, el éxito de este trabajo radica en la humanidad y en el halo de esperanza que desprenden sus personajes. Ojalá se lleven adelante más proyectos de estas características que aporten tantos valores positivos y dejen ese poso de vida.

[ Web Cuidadores ]

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